¿Existe una dieta para el autismo? Nutrición personalizada, permeabilidad intestinal y perspectivas actuales desde el eje intestino-cerebro Revisión narrativa y propuesta de marco conceptual para el abordaje nutricional individualizado del trastorno del espectro autista Dr. Julio Francisco Salazar Gonzales 2026
¿Existe una dieta para el autismo? Nutrición personalizada, permeabilidad intestinal y perspectivas actuales desde el eje intestino-cerebro
Revisión narrativa y propuesta de marco conceptual para el abordaje nutricional individualizado del trastorno del espectro autista
Dr. Julio Francisco Salazar Gonzales
Presidente, ONG ACTITUD, Lima, Perú
Resumen
Durante las últimas dos décadas se ha incrementado el interés científico por la relación entre nutrición, microbiota intestinal, permeabilidad intestinal y trastorno del espectro autista (TEA). Los síntomas gastrointestinales son frecuentes en esta población, con prevalencias estimadas entre el 33 % y el 55 % según los metaanálisis disponibles (Lasheras et al., 2023; McElhanon et al., 2014), y se han descrito además alteraciones en la composición de la microbiota (El Mazouri et al., 2024; Sharon et al., 2019) y en la permeabilidad de la barrera intestinal (de Magistris et al., 2010; Esnafoglu et al., 2017) en subgrupos de personas con TEA.
Paralelamente, diversas intervenciones nutricionales —en particular las dietas libres de gluten y caseína— han sido propuestas como estrategias complementarias. Sin embargo, la evidencia disponible es heterogénea: mientras algunos metaanálisis reportan mejoras conductuales modestas (Karimi et al., 2024; Quan et al., 2022), revisiones sistemáticas más rigurosas y la revisión Cochrane de referencia no encuentran efectos significativos sobre los síntomas nucleares del TEA y advierten sobre posibles efectos gastrointestinales adversos (Keller et al., 2021; Millward et al., 2008; Piwowarczyk et al., 2018).
El presente trabajo revisa los principales conceptos relacionados con el eje intestino-cerebro, la microbiota intestinal, la permeabilidad intestinal y la denominada hipótesis opioide de los péptidos derivados del gluten y la caseína, y propone un marco conceptual basado en la individualidad bioquímica (Williams, 1956) para comprender la utilidad potencial de intervenciones nutricionales personalizadas. Se concluye que la evidencia científica actual respalda un enfoque individualizado, sustentado en la evaluación clínica y metabólica de cada paciente, más que la adopción de una dieta universal para el autismo. Dieta y autismo — manuscrito
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Palabras clave: autismo, TEA, microbiota intestinal, eje intestino-cerebro, nutrición personalizada, permeabilidad intestinal, gluten, caseína.
Abstract
Over the past two decades, scientific interest in the relationship between nutrition, gut microbiota, intestinal permeability, and autism spectrum disorder (ASD) has grown substantially. Gastrointestinal symptoms are common in this population, with pooled prevalence estimates between 33% and 55% (Lasheras et al., 2023; McElhanon et al., 2014), and subgroups of individuals with ASD have been reported to show altered microbiota composition (El Mazouri et al., 2024; Sharon et al., 2019) and increased intestinal permeability (de Magistris et al., 2010; Esnafoglu et al., 2017).
At the same time, nutritional interventions—particularly gluten-free/casein-free diets—have been proposed as complementary strategies, although the available evidence remains mixed: some meta-analyses report modest behavioral improvements (Karimi et al., 2024; Quan et al., 2022), while more rigorous systematic reviews and the reference Cochrane review find no significant effect on core ASD symptoms and note possible gastrointestinal adverse effects (Keller et al., 2021; Millward et al., 2008; Piwowarczyk et al., 2018). This paper reviews the gut-brain axis, gut microbiota, intestinal permeability, and the opioid-excess hypothesis, proposing a conceptual framework grounded in biochemical individuality (Williams, 1956) to understand the potential value of personalized nutritional interventions. Current evidence supports an individualized approach guided by clinical and metabolic assessment rather than a single universal diet for autism.
Keywords: autism, ASD, gut microbiota, gut-brain axis, personalized nutrition, intestinal permeability, gluten, casein.
1. Introducción
Una de las preguntas más frecuentes entre familias y profesionales que trabajan con personas dentro del trastorno del espectro autista (TEA) es si existe una dieta específica capaz de mejorar los síntomas asociados a esta condición.
La pregunta no es trivial. Los síntomas gastrointestinales —estreñimiento, diarrea, dolor abdominal y distensión, entre otros— son considerablemente más frecuentes en niños con TEA que en la población neurotípica: los metaanálisis disponibles reportan una prevalencia agrupada Dieta y autismo — manuscrito
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de entre el 33 % y el 55 %, con una razón de momios de hasta 4,4 respecto de los controles (Lasheras et al., 2023; McElhanon et al., 2014). Estas observaciones han impulsado el desarrollo de diversas hipótesis destinadas a explicar posibles vínculos entre la función digestiva y determinadas manifestaciones conductuales.
Paralelamente, han surgido propuestas nutricionales como las dietas libres de gluten y caseína, la dieta cetogénica, la suplementación probiótica y otras intervenciones dirigidas al sistema gastrointestinal. No obstante, el análisis crítico de la literatura científica disponible muestra resultados heterogéneos: algunos pacientes parecen beneficiarse de determinadas intervenciones, mientras que otros no presentan cambios clínicamente relevantes.
Esta variabilidad obliga a replantear la pregunta inicial. Tal vez la cuestión no sea si existe una dieta para el autismo, sino si existen perfiles biológicos diferenciados dentro del espectro que requieran abordajes nutricionales distintos.
2. La individualidad bioquímica como paradigma clínico
El concepto de individualidad bioquímica, desarrollado por el bioquímico Roger J. Williams en su obra clásica Biochemical Individuality: The Basis for the Genetotrophic Concept, sostiene que cada ser humano posee características metabólicas, genéticas e inmunológicas únicas que condicionan su respuesta a factores ambientales y nutricionales (Williams, 1956). Según Williams, "mientras los mismos mecanismos físicos y los mismos procesos metabólicos operan en todos los cuerpos humanos, las estructuras son suficientemente diversas" como para que la suma de reacciones en un individuo difiera notablemente de la de otro de la misma edad, sexo y contextura.
Desde esta perspectiva, la nutrición deja de entenderse como un conjunto de recomendaciones universales para convertirse en una herramienta de intervención adaptada a las necesidades particulares de cada individuo. Este paradigma anticipó, varias décadas antes de que el término se popularizara, lo que hoy se conoce como nutrición de precisión: la estratificación de las personas en subgrupos según biomarcadores genéticos, metabolómicos y microbianos, con el fin de ajustar mejor las recomendaciones dietéticas a cada perfil biológico.
La relevancia de este paradigma resulta especialmente evidente en el TEA, donde la heterogeneidad clínica constituye una de sus características fundamentales. Dos personas pueden compartir un mismo diagnóstico y, sin embargo, presentar perfiles metabólicos, Dieta y autismo — manuscrito
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digestivos, inmunológicos y conductuales profundamente distintos. Bajo este enfoque, resulta razonable plantear que las intervenciones nutricionales también deban individualizarse, en lugar de aplicarse de manera uniforme a toda la población dentro del espectro.
3. El eje intestino-cerebro: una comunicación bidireccional
El eje intestino-cerebro (gut-brain axis) describe la compleja red de comunicación bidireccional que conecta el sistema nervioso central con el sistema digestivo, integrando señales neurales, endocrinas, inmunológicas y metabólicas (Hwang & Oh, 2025).
El nervio vago constituye uno de los principales conductos de esta comunicación. Está compuesto en aproximadamente un 80 % por fibras aferentes, capaces de transmitir al sistema nervioso central información química, mecánica y hormonal procedente del intestino, incluyendo señales derivadas de la propia microbiota y de sus metabolitos. La serotonina, sintetizada mayoritariamente por células enterocromafines del intestino, activa estas fibras vagales y modula a su vez la actividad de núcleos cerebrales implicados en la regulación emocional y la respuesta al estrés (Hwang & Oh, 2025).
Actualmente existe amplio consenso científico respecto a la existencia de esta comunicación bidireccional: las alteraciones intestinales pueden influir sobre procesos neurológicos y conductuales, mientras que factores emocionales y neurológicos también pueden modificar la función digestiva. La relevancia de esta interacción ha impulsado numerosas investigaciones orientadas a comprender su papel en los trastornos del neurodesarrollo, si bien buena parte de esta evidencia proviene todavía de modelos animales y estudios observacionales, por lo que la traducción a mecanismos causales específicos en humanos continúa en desarrollo.
4. Microbiota intestinal y trastorno del espectro autista
La microbiota intestinal constituye un ecosistema complejo integrado por billones de microorganismos que participan en funciones digestivas, inmunológicas y metabólicas. Una revisión sistemática reciente confirma que la composición de la microbiota en niños con TEA difiere de la observada en controles neurotípicos, si bien la significancia funcional de estas diferencias todavía no está completamente esclarecida (El Mazouri et al., 2024).
Uno de los hallazgos más citados en este campo proviene de un estudio en modelo animal: la transferencia de microbiota fecal de donantes humanos con TEA a ratones libres de gérmenes indujo en estos últimos comportamientos compatibles con rasgos característicos del espectro Dieta y autismo — manuscrito
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autista, en comparación con ratones que recibieron microbiota de donantes neurotípicos (Sharon et al., 2019). Este tipo de evidencia sugiere un posible papel causal de la microbiota sobre la conducta, aunque su extrapolación directa a humanos exige cautela, dadas las diferencias entre especies y la naturaleza multifactorial del TEA.
La interpretación de estos hallazgos requiere prudencia: la evidencia actual no permite determinar con certeza si las diferencias observadas en la microbiota representan una causa, una consecuencia o simplemente una asociación vinculada a factores como la selectividad alimentaria, el uso de antibióticos, los hábitos dietéticos y otras comorbilidades médicas. A pesar de estas limitaciones, la microbiota intestinal continúa siendo una de las áreas más activas y prometedoras dentro de la investigación sobre TEA.
5. Permeabilidad intestinal: evidencia actual y controversias
La barrera intestinal constituye una de las estructuras biológicas más complejas del organismo: permite la absorción de nutrientes esenciales mientras restringe el paso de microorganismos, toxinas y macromoléculas potencialmente perjudiciales. Durante los últimos años se ha explorado la posibilidad de que alteraciones en la integridad de esta barrera —popularmente denominadas "permeabilidad intestinal aumentada"— participen en diversas condiciones inflamatorias, autoinmunes, metabólicas y neurológicas.
Un estudio de referencia evaluó la permeabilidad intestinal mediante la prueba de lactulosa/manitol en pacientes con TEA, sus familiares de primer grado y controles sanos, encontrando valores anormales en el 36,7 % de los pacientes con TEA y en el 21,2 % de sus familiares, frente a solo el 4,8 % en el grupo control (de Magistris et al., 2010). De manera complementaria, se han reportado niveles séricos elevados de zonulina —una proteína implicada en la regulación de las uniones estrechas del epitelio intestinal— en niños con TEA que presentaban además síntomas gastrointestinales, en comparación con controles sanos (Esnafoglu et al., 2017).
Sin embargo, estos hallazgos no permiten afirmar que la permeabilidad intestinal aumentada sea una característica universal del TEA. La evidencia actual sugiere que la alteración de la barrera intestinal podría representar un factor relevante en un subgrupo de pacientes, particularmente en aquellos con síntomas gastrointestinales concomitantes, más que un mecanismo fisiopatológico generalizable a todo el espectro. Por ello, la permeabilidad Dieta y autismo — manuscrito
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intestinal debe entenderse actualmente como un área activa de investigación, con biomarcadores todavía en proceso de validación.
6. Gluten, caseína y péptidos bioactivos: la hipótesis opioide
Entre las hipótesis más debatidas dentro del campo de la nutrición aplicada al neurodesarrollo se encuentra la denominada "hipótesis de exceso opioide", propuesta originalmente por Panksepp (1979), quien especuló que el autismo podría constituir "una alteración emocional derivada de un desequilibrio en los sistemas opiáceos del cerebro".
Esta propuesta plantea que, durante la digestión incompleta de determinadas proteínas alimentarias —especialmente el gluten y la caseína—, pueden generarse péptidos bioactivos denominados gliadorfina (o gluteomorfina) y beta-casomorfina, estructuralmente similares a péptidos opioides endógenos. Bajo determinadas circunstancias biológicas —como una mayor permeabilidad intestinal—, algunos de estos péptidos podrían atravesar la barrera intestinal y, eventualmente, la barrera hematoencefálica.
Sin embargo, la evidencia empírica que buscó confirmar directamente esta hipótesis no ha sido consistente. Un estudio diseñado específicamente para detectar estos péptidos en la orina de niños con autismo no logró identificarlos en ninguno de los diez niños evaluados ni en sus hermanos, aunque sí encontró una actividad reducida de la enzima dipeptidil peptidasa IV (DPPIV), potencialmente relevante para la degradación de estos compuestos (Hunter et al., 2003). Este resultado negativo es representativo de la falta de consenso en la literatura sobre la detección de estos péptidos, y debilita uno de los eslabones empíricos centrales de la hipótesis opioide tal como fue formulada originalmente.
En la misma línea, la revisión Cochrane de referencia sobre dietas libres de gluten y caseína (Millward et al., 2008) señaló que no existe evidencia consistente de que los niveles de péptidos urinarios se correlacionen con la permeabilidad intestinal. Cabe precisar que esta revisión fue formalmente retirada de la Biblioteca Cochrane en 2019 por no haberse actualizado desde 2008 —una decisión editorial por desactualización, no por hallazgo de errores en su contenido—, por lo que sus conclusiones deben leerse como el estado de la evidencia hasta esa fecha (Millward et al., 2019). De manera indirecta, también se ha explorado esta hipótesis mediante el uso de antagonistas opioides como la naltrexona: una revisión sistemática encontró que, de 128 niños tratados, el 77 % mostró mejoras estadísticamente significativas en irritabilidad e hiperactividad, aunque sin efecto sobre los síntomas nucleares del TEA (Roy et al., 2015). Dieta y autismo — manuscrito
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En conjunto, la literatura permite concluir que la hipótesis opioide continúa siendo una explicación potencial para determinados fenómenos observados en un subgrupo de pacientes, pero no constituye una explicación universal ni definitivamente demostrada para el trastorno del espectro autista. Esta conclusión resulta especialmente importante porque evita caer en simplificaciones excesivas de una condición que, por definición, presenta una enorme heterogeneidad biológica y clínica.
7. Intervenciones nutricionales en TEA
Las intervenciones nutricionales constituyen una de las estrategias complementarias más utilizadas por familias y profesionales que trabajan con personas dentro del espectro autista. A continuación se revisan las principales líneas de evidencia.
7.1 Dietas libres de gluten y caseína
La dieta libre de gluten y caseína (GFCF, por sus siglas en inglés) es, con diferencia, la intervención nutricional más estudiada y también la más controvertida en el TEA. La revisión Cochrane original concluyó que existía una notable falta de evidencia para sostener el uso de estas dietas como tratamiento eficaz, además de una escasa investigación sobre sus posibles perjuicios (Millward et al., 2008).
Revisiones sistemáticas posteriores han arrojado resultados dispares. Un análisis de seis ensayos controlados aleatorizados (214 participantes) no encontró diferencias estadísticamente significativas en los síntomas nucleares del TEA entre el grupo con dieta GFCF y el grupo control, con la excepción de mejoras puntuales en subdominios de comunicación e interacción social en un solo estudio (Piwowarczyk et al., 2018). Un metaanálisis posterior, que evaluó específicamente síntomas nucleares informados por clínicos, funcionamiento informado por los padres y dificultades conductuales, no halló ningún efecto significativo de la dieta GFCF en ninguna de estas variables, y además observó una tendencia hacia un mayor riesgo de efectos gastrointestinales adversos en el grupo de intervención, por lo que sus autores recomiendan cautela clínica antes de introducir esta dieta sin evidencia previa de intolerancia o alergia (Keller et al., 2021).
En contraste, otros metaanálisis reportan resultados moderadamente positivos. Uno de ellos, centrado en conductas estereotipadas y funcionamiento cognitivo, concluyó que la dieta GFCF podía reducir estas conductas y mejorar la cognición, aunque advirtiendo que la mayoría de los estudios incluidos eran de simple ciego y que se requieren ensayos de mayor escala (Quan et Dieta y autismo — manuscrito
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al., 2022). Otro metaanálisis más reciente encontró un efecto positivo pequeño pero estadísticamente significativo sobre un índice conductual compuesto (Karimi et al., 2024).
Esta heterogeneidad de resultados —lejos de ser un problema metodológico menor— refleja, muy probablemente, la propia heterogeneidad biológica del TEA: es esperable que solo un subgrupo de pacientes, presumiblemente aquellos con intolerancias reales al gluten y la caseína o con mayor permeabilidad intestinal, obtenga beneficios clínicamente relevantes de esta dieta, mientras que en el resto de la población el cambio dietético no aporta ventajas y sí conlleva riesgos nutricionales y una carga adicional para las familias.
7.2 Dieta cetogénica
La dieta cetogénica, de uso consolidado en epilepsia refractaria, también ha sido explorada en el TEA. Uno de los primeros estudios piloto reportó mejoras conductuales moderadas o significativas en 10 de 18 niños tras un protocolo cíclico de dieta cetogénica con triglicéridos de cadena media (Evangeliou et al., 2003). Estudios posteriores, en su mayoría de muestra pequeña, han sugerido beneficios adicionales sobre marcadores inflamatorios y composición de la microbiota, aunque la evidencia disponible continúa siendo preliminar y proviene principalmente de estudios no controlados o de tamaño reducido, por lo que no permite recomendaciones generalizadas.
7.3 Probióticos y prebióticos
Diversos ensayos controlados aleatorizados han evaluado la suplementación con probióticos y prebióticos en TEA. Un ensayo controlado con placebo reportó mejoras en síntomas gastrointestinales asociadas a cambios favorables en la microbiota fecal tras la suplementación probiótica, aunque los efectos sobre los síntomas conductuales nucleares fueron más modestos (Santocchi et al., 2020). Un ensayo doble ciego con suplementación prebiótica (galactooligosacáridos) mostró cambios en la microbiota y beneficios en la calidad de vida familiar, aunque con resultados conductuales igualmente limitados (Palmer et al., 2024). En conjunto, la evidencia sobre probióticos y prebióticos en TEA es prometedora en relación con los síntomas gastrointestinales, pero todavía insuficiente para sostener efectos consistentes sobre la conducta.
7.4 Estado nutricional y deficiencias de micronutrientes
Independientemente de la eficacia de las dietas de eliminación, existe evidencia sólida de que los niños con TEA presentan un riesgo nutricional propio, derivado en gran medida de la Dieta y autismo — manuscrito
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selectividad alimentaria. Un metaanálisis reciente, que incluyó 32 estudios con más de 18 000 niños, encontró que los niños con TEA presentaban una talla significativamente menor que sus pares con desarrollo típico, así como una ingesta significativamente menor de proteínas y de vitaminas liposolubles A y D, entre otros nutrientes (Alhrbi et al., 2025). Esta evidencia refuerza la importancia de la evaluación nutricional individual como parte del abordaje clínico, independientemente de si se implementa o no una dieta de eliminación específica.
8. ¿Existe una dieta para el autismo?
La revisión de la literatura científica disponible permite responder esta pregunta con una afirmación aparentemente simple, pero profundamente significativa: no existe una dieta universal para el autismo. Ninguna intervención nutricional ha demostrado ser eficaz para todos los individuos dentro del espectro, y en el caso de la dieta más estudiada —la libre de gluten y caseína— la evidencia agregada de las revisiones más rigurosas es, en el mejor de los casos, mixta (Keller et al., 2021; Millward et al., 2008; Piwowarczyk et al., 2018).
Sin embargo, tampoco puede ignorarse que determinadas intervenciones muestran beneficios clínicos en subgrupos de pacientes cuidadosamente seleccionados, particularmente aquellos con síntomas gastrointestinales, permeabilidad intestinal alterada o intolerancias alimentarias documentadas. Esta realidad obliga a abandonar modelos rígidos —tanto la promoción indiscriminada de dietas de eliminación como su descarte generalizado— y adoptar una visión basada en la individualidad biológica.
Desde este enfoque, la nutrición debe considerarse una herramienta terapéutica potencial cuya aplicación requiere comprender la historia clínica individual, la presencia de síntomas gastrointestinales, el estado nutricional, las características metabólicas, las sensibilidades alimentarias identificadas mediante evaluación clínica y de laboratorio, y los objetivos clínicos específicos de cada persona. En consecuencia, la evidencia actual respalda con mayor fuerza el concepto de nutrición personalizada que la existencia de una dieta única para el trastorno del espectro autista.
9. Discusión
La creciente investigación sobre microbiota intestinal, eje intestino-cerebro y nutrición personalizada ha ampliado significativamente la comprensión de los trastornos del Dieta y autismo — manuscrito
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neurodesarrollo. Sin embargo, la complejidad de estos sistemas exige prudencia en la interpretación de los resultados.
La tentación de atribuir explicaciones únicas —como la hipótesis opioide en su formulación más extrema— a una condición multifactorial puede conducir a simplificaciones que no reflejan adecuadamente la realidad biológica ni la evidencia disponible. El TEA constituye un espectro caracterizado precisamente por la diversidad de manifestaciones clínicas y fisiológicas; por ello, es razonable asumir que también existirán múltiples perfiles metabólicos y nutricionales dentro de esta población, y que las intervenciones que funcionan para un subgrupo no necesariamente se generalizan al resto.
Esta lectura matizada tiene, además, una implicación práctica relevante: recomendar de manera indiscriminada dietas restrictivas como la GFCF, sin evaluación clínica previa, no está respaldado por la evidencia y puede exponer a los pacientes a riesgos nutricionales innecesarios —incluyendo deficiencias de proteína, calcio y vitaminas liposolubles ya descritas en esta población (Alhrbi et al., 2025)— sin garantía de beneficio conductual. La investigación futura deberá orientarse a identificar biomarcadores que permitan distinguir, de manera prospectiva, qué individuos podrían beneficiarse de intervenciones específicas y cuáles no. Este enfoque representa una evolución natural desde los modelos generalistas hacia estrategias verdaderamente personalizadas.
10. Conclusiones
La evidencia científica actual no respalda la existencia de una dieta universal para el trastorno del espectro autista. No obstante, el creciente conocimiento sobre microbiota intestinal, eje intestino-cerebro, procesos inflamatorios y nutrición personalizada abre nuevas oportunidades para comprender la heterogeneidad biológica presente dentro del espectro.
Las intervenciones nutricionales pueden constituir herramientas valiosas cuando se aplican de manera individualizada, sustentadas en evaluación clínica adecuada, estudios de laboratorio pertinentes y seguimiento profesional continuo. En este contexto, la pregunta "¿Existe una dieta para el autismo?" probablemente deba transformarse en otra más precisa: "¿Qué intervención nutricional es la más apropiada para este paciente en particular, y sobre qué evidencia clínica se sustenta?". La respuesta a esa pregunta representa, posiblemente, uno de los mayores desafíos y oportunidades para la investigación y la práctica clínica en los próximos años. Dieta y autismo — manuscrito
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Referencias
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